A lo largo de la vida, con la ayuda de muchas personas, vamos creciendo. Las personas con las que vamos teniendo relación, mas cercanas o mas lejanas, nos van aportando. Nos construimos a partir de las experiencias que vamos viviendo, de los aciertos, de los fracasos, de lo que nos gusta, de lo que nos disgusta y de todas esas personas que nos acompañan y nos van enseñando que la vida es comprender, encajar, elegir, soltar….

Vamos generando una red social y de vínculos a la que llegamos a pertenecer y en la que nos identificamos. Yo soy Alguien, con una Profesion determinada, pertenezco a un ámbito Social, con un estilo de Vida determinado, tengo un Quehacer concreto, vivo con unos Otros a los que cuidar o con unos Alguien que me cuidan y me dan calor. O tambien puedo vivir Sola y estar a gusto, o a disgusto, con ello.

Lo que es claro es que con respecto a todo ello me voy tejiendo. Me voy construyendo.

Cuando llega la pérdida uno de esos hilos, o varios, se rompen. Si la pérdida es grande puede que se rompa hasta la madeja. Ya no me puedo tejer. No puedo construir. Me siento destruida. No solo se me ha roto todo sino que ni siquiera veo la salida. Siento que no hay forma de remontar esto. No veo el final del tunel.

La persona en duelo queda en el más absoluto desamparo.

Una de las razones de tanta desolación tiene que ver con la cantidad de cosas que siento desaparecer con la persona que se va.

Si era mi padre o mi madre, con él o ella se va mi seguridad, mi protección,  mi techo, mi paraguas, mi cobertura. En muchas ocasiones tambien se va mi norte, mi guía. Quien me enseñó a superarme y a avanzar en la vida.

Si era mi pareja, con él o ella se va una parte de mi, me rompo en dos, se va mi amor, quien me daba calor, compañía,  conversacion, se va mi día a día, se rompe mi cotidianeidad, mi saber estar en esta sociedad, en esta vida. Mi trayectoria. Me quedo en la mas absoluta soledad.

Si era mi hijo o mi hija, directamente se me parte el alma. No puedo ante tanta sensación de vulnerabilidad. Se me va mi aliento, mi continuidad. Siento que es imposible soportar tanto dolor. Cada día me levanto por razones misteriosas pero yo ya no soy yo. Si un día no me despertara no pasaría nada. Siento que nadie se enteraría, como no me enteraría yo.

En cualquier caso, cuando la pérdida es grande, me encuentro ante la mas absoluta incomprensión.  Nadie sabe lo que es sufrir como estoy sufriendo yo. Nadie puede escuchar lo que siento porque no podría comprenderlo. Es tan dificil esto….

Me siento destruida porque se me ha roto todo. Se me ha roto el mundo. Mil momentos, mil complicidades, mil frases hechas, mil conversaciones, mil proyectos, mil bromas… tanto echado a perder…

Las mismas personas que me construyen, me destruyen, y me vuelven a construir. En estos momentos es importante mirar hacia adelante y pensar que puedo apoyarme en otros. Dejarme ayudar.

Compartir mi tristeza, mi dolor. Expresarlo. El dolor mejor fuera que dentro. Esto me ayudará a caminar…. a atravesar mi duelo. Digerir la pérdida, procesar lo sucedido.

El duelo es como dejarse llevar por un río de tristeza. A veces crees que te ahogas y otras veces lloras tanto que parece que el río lo haces tú. A veces nos agarramos a las piedras para flotar. Son la rabia, la culpa… son piedras que te permiten recobrar fuerzas pero si te quedas en una de ellas te estancas. A veces te puedes estancar un año, dos años, tres. O quedarte a vivir en la rabia. Otras veces hay alguien que te dice “no te quedes ahí que tu no eras así “.

Siempre hay alguien que nos quiere y nos quiere ayudar. Pero tenemos que dejarles ayudarnos. Porque, aunque en este momento no lo veamos posible, las personas nos construyen.

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Ilustración  de Cristina Villacieros

 


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